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Algunos personajes plebiscitarios: 1967, medio siglo de futilidad PDF Imprimir Correo
Escrito por Rafah Acevedo   
Viernes, 09 de Junio de 2017 21:22

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El relajo con los plebiscitos comenzó en 1967. Hace medio siglo. Apenas tenía el ELA una docena de años de fantasmagórica existencia cuando Muñoz decidió celebrar una consulta. Y digo que se le ocurrió al Vate porque, aun cuando en aquellos años el gobernador del entuerto era Roberto Sánchez Vilella, quien dirigió el performance vivía en Trujillo Alto y no en Fortaleza.



El proyecto del Plebiscito de 1967 fue preparado por el entonces jovencísimo Secretario de Justicia, Rafael Hernández Colón. Eso quizás explique que medio siglo después, en el verano dictatorial de 2017, el que otrora fuera también gobernador de Puerto Rico defienda a capa y espada (capa caída y espada guardada) el ELA como estatus del futuro. Por eso es tan difícil escribir ciencia ficción en Puerto Rico. Los políticos de oficio tienen unas miradas prospectivas que son difíciles de imitar.

La Ley Núm. 1 del 23 de diciembre de 1966 dispuso que se celebrara un plebiscito el 23 de julio de 1967, para que los puertorriqueños expresaran su voluntad sobre el status político final que deseaban para Puerto Rico. Los puertorriqueños debían seleccionar una alternativa entre las tres presentadas: Estado Libre Asociado, estadidad e independencia. Lo de final, como ya sabemos, es un decir.

¿Tenía defensores el ELA en 1967? No faltaba más, era como un carro nuevo aunque le fallara el motor. El 60.4 % de los votantes favoreció el estatu quo. 425,132 personas, para ser más exactos. Algunos de sus defensores más importantes ni siquiera votaron.

El señor Stanley Learned, norteamericano, publicó el 20 de julio de 1967 (El Mundo) una opinión contraria a la postura de Luis A. Ferré, defensor férreo de la estadidad por encima del llamado a la abstención de su jefe político en el Partido Estadista Republicano (PER), Miguel García Méndez. Así se expresaba Learned:

Ningún Estado de la Unión se está desarrollando al ritmo de Puerto Rico. La estadidad y el progreso no son sinónimos. Si lo fueran, el Gobierno federal no hubiera tenido que clasificar como “pobre” a casi un tercio de la población de Estados Unidos.

Al realizar su propio milagro, por medio del trabajo arduo y la fe, el pueblo de Puerto Rico ha asumido un sentido de dignidad que sobrepasa lo que podría derivarse de un mero estatus político.

Learned fue uno de los propulsores del discurso ideológico que trocó el sentido de colonia subordinada por el de “milagro económico”. ¿Quién era Stanley Learned? Se trataba del flamante director ejecutivo de Philips Petroleum Co. Llegó a ese puesto en 1962 cuando la compañía de refinería copó el mercado del petróleo y el gas natural. En 1967 no sólo se trataba de una industria que pretendía aprovechar las ventajas contributivas del territorio, sino que Learned prometía crear la friolera de 30,000 empleos. Learned se retiró de su puesto, precisamente, ese mismo año. Sin embargo, me parece curioso, y por ello lo destaco, que permaneció en un puesto ejecutivo y que en 1973, la Phillips Petroleum y el señor Learned fueron acusados por un gran jurado federal de desviar tres millones de dólares a un paraíso fiscal y que de ese fondo realizaron contribuciones ilegales a la campaña de reelección de Richard Nixon en 1972. La compañia se declaró culpable y admitieron una donación ilegal de 100,000 dólares. En el curso de dos años admitieron contribuciones ilegales a 65 candidatos congresionales del 1970 al 1972, así como donativos ilegales a Lyndon B. Johnson (1964). Finalmente, la Phillips Petroleum pagó una multa de 30,000 dólares. No tengo pruebas para decir que esa compañía hiciera donativos a ningún partido o político puertorriqueño. Solo digo que es curioso.

El mismo día en el que Learned publicaba su refutación al delirio de Ferré sobre la estadidad (20-VI-1967) Alex W. Maldonado publicaba su propio análisis sobre el teatro electoral:

“Ciertamente, el elemento más emocional en Puerto Rico hoy es el bloque que opina que todo el plebiscito está mal. Ese bloque está proclamando ahora: ¡No! ¡No votaremos! Se está planeando una demostración masiva para el 16 de julio. Los cálculos iniciales son que unas 25,000 personas asistirán.

Este grupo, compuesto de independentistas y populares que no están contentos con el status de Estado Libre Asociado como es ahora, se siente atra- pado. El acto de votar en sí, opina, está mal porque el plebiscito es falso, colonialista y no resolverá nada.

Estas personas ignoran convenientemente que Puerto Rico tiene una Constitución y un status político aprobados por el elector puertorriqueño. Pero, de mayor importancia, el grupo pretende ignorar que Puerto Rico puede buscar un status distinto si así lo desea, votando simplemente por él en el plebiscito.

La falta de lógica fue expresada dramáticamente en un anuncio que ha aparecido en la Prensa local. Dice que los puertorriqueños que desean completo gobierno propio, que están orgullosos de ser puertorriqueños, que desean conservar nuestro idioma y nuestra cultura; que desean un Gobierno “de, por y para los puertorriqueños” y aspiran a la “libertad”, no votarán en el plebiscito.

Falta una frase en este anuncio. Lo que debería decir es que “No votaremos por la independencia”. Este es un enorme contrasentido. La independencia estará en la papeleta. Lo que están diciendo es: “Porque queremos todas estas cosas, no daremos el paso necesario para lograrlas. No votaremos por la independencia”.

De modo que el ELA no solo estaba en el poder (colonial, sí, pero administraba) sino que la mayoría de la prensa le servía de caja de resonancia o fotuto.

En un formidable artículo de la época, el doctor Salvador Arana Soto analiza los pormenores anteriores a la celebración de aquel plebiscito. Hace varias predicciones. Me interesa señalar, sin embargo, que durante el proceso un nuevo partido se hallaba en formación.

Mientras todo esto sucedía continuaba su inscripción, ya tocando a su fin, un nuevo partido estadista —el Partido del Pueblo—, del cual se sabe y se habla poco aún hoy. En el último artículo que sobre él he leído, en una revista local y en que se vierten opiniones de su fundador, señor Vidal Chacón, se dice que se pretende una estadidad “con honor” y no “la entreguista y asimilista que pregonan García Méndez, Ferré...” “Esa estadidad que predica Ferré es contraria a nuestro pueblo. Es una estadidad americanizada. Y la que quiere Puerto Rico es una estadidad portorriqueñizada... No puedo hacerme  cómplice de sus prédicas ni de su entreguismo...” El P. P. “será heredero del Partido Socialista militante y combativo de los años 20.”

Ferré y luego Romero añadieron a su discurso entregista y asimilista agunos conceptos de los esgrimidos por Vidal Chacón, ¿Recuerdan la “estadidad jíbara”? Ahí terminan las coincidencias. Curioso también, que es lo que más me interesa, es que, si, se trata del mismo Partido del Pueblo, también recordado como el Partido del Sol, con el que se lanzó como candidato a la gobernación un año después el gobernador en funciones, que había sido prácticamente expulsado por el PPD. Según José Trías Monge, ese formidable constitucionalista represivo y fino poeta, Sánchez Vilella adquirió esa franquicia electoral asumiendo deudas por 30 mil dólares.

El Partido del Pueblo había sido inscrito por Alfredo Vidal Chacón casi como una escisión del PAC, un partido creado en los cerebros prístinos de dos obispos católicos norteamericanos. Vidal Chacón tuvo la ayuda del Congresista de Nueva York Adam Clayton Powell. Solicitó a la Junta Estatal de Elecciones que lo certificara como defensor de la estadidad en el plebiscito del ’67 pero la creación de Estadistas Unidos, de Luis A. Ferré sepultó sus aspiraciones. Poco después, Clayton Powell, con estrechos lazos con la comunidad puertorriqueña en la diáspora y por décadas representante en la cámara se vio en medio de un escándalo cuando se alegó que no pagó una deuda que le ordenó un tribunal neoyorquino, haberse apropiado de fondos para viajes de manera inapropiada y de pagar un salario a su esposa con dinero asignado a empleados congresionales sin haber realizado ninguna tarea allí. Parecía una maldición. Apoyar a diferentes grupos suponía algún tropiezo.

En ese plebiscito el ganador fue Luis A. Ferré. Es decir, la estadidad sacó apenas 39.0% frente al 60.4% del ELA, sin embargo, eso representaba prácticamente la totalidad de los votantes del PER tres años antes. El PER habría sacado 288,529 votos en las elecciones del 1964 (34.7). La estadidad obtuvo 274,312 votos en el plebiscito del ‘67. Casi todos los estadistas desoyeron la voluntad de abstención de García Méndez y se montaron en la cementera de Ferré. Apenas un año después, una nueva colectividad, el Partido Nuevo Progresista, adoptando como emblema la palma del plebiscito, ganó las elecciones con 400,815 noveleros y el 43.6% de los votos. Los fieles a Sánchez Vilella, unos 107,309, representaron quizás la derrota del PPD. Es más complejo que eso, pero esa es otra historia. Mi intención era destacar algunos personajes de interés histórico.

En la consulta más reciente, 2012, la estadidad obtuvo 834,191 (61.6%) votos. Cuatro años después, bajo una dictadura llamada Junta de Control Fiscal, el hijo de Pedro Rosselló se convirtió en gobernador con 660,510 (41.8%). Casi 20% menos de simpatía entre los votantes. Eso con un récord histórico de abstención electoral.

Medio siglo después de aquella primera charada, hay otra consulta. Un lustro ha pasado. Ahora la abstención viene del mejunje en el que se ha convertido el PPD, comandado por Héctor Ferrer, que en términos ideológicos está en el 1967 aunque estamos en el 2017. Su partido viene de su peor derrota electoral. Dividido ideológicamente. Sin la salida de “ninguna de las anteriores” con el que…¿ganaron? el ejercicio fútil del 1998. (Sí, lectores, en una consulta para decidir finalmente el estatus de Puerto Rico el 50.3% de los electores decidieron que ninguna de las anteriores era la mejor opción). Los grupos independentistas, como en el 1967, se abstendrán de participar. Y como aquella vez, habrá quien le haga el juego al poder y salga en los medios posando para darle un poco de seriedad a una cosa que no la tiene. El PNP (ni siquiera la estadidad) corre solo en esta cortina de humo que es más cara que una auditoría a la deuda.

No sabemos lo que va a ocurrir. Escribo esto una semana antes del circo. De lo que sí estoy seguro es que no ocurrirá nada importante. Digo importante con respecto al estatus. Importante es resistir la dictadura, pero la vida es un frenesí. Una ilusión. Y todo bien es pequeño. Y la vida es solo un sueño. Y los sueños sueños son. (Claridad)

 

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