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Reflexión de Cancel Miranda: Primero de Mayo en Puerto Rico PDF Imprimir Correo
Escrito por Rafael Cancel Miranda   
Martes, 02 de Mayo de 2017 05:17

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Había pasado un tiempo desde el comienzo de la actividad frente al edificio Seaborne cuando vimos que la gente corría en dirección a la tarima para evadir el gas pimienta y los gases lacrimógenos que lanzaba la policía. Mi esposa, mi hijo Rafa y compañeros que estaban cerca que saben que tengo problemas con la vista, me agarraron para sacarme del medio de la calle. Lo lograron, por supuesto, a pesar de mis protestas.

 

 



Tuve el honor de estar presente en la manifestación del Paro Nacional de este 1 de Mayo. Palpé la alegría de la gente, de los que están cumpliendo con su pueblo y consigo mismo. Mi paso era lento pues muchos me honraban saludándome y pidiendo retratarse conmigo, a lo que siempre respondo que sí.

Había pasado un tiempo desde el comienzo de la actividad frente al edificio Seaborne cuando vimos que la gente corría en dirección a la tarima para evadir el gas pimienta y los gases lacrimógenos que lanzaba la policía. Mi esposa, mi hijo Rafa y compañeros que estaban cerca que saben que tengo problemas con la vista, me agarraron para sacarme del medio de la calle. Lo lograron, por supuesto, a pesar de mis protestas. Cuando parecía que había vuelto la calma, regresamos al medio de la calle para compartir con la gente, pero de momento volvió el correcorre y mi esposa y mi hijo, con la ayuda de una persona que estaba cerca, me movieron rápidamente hacia la acera, fuera del alcance de los químicos que invadían la calle. Escuchaba a la maestra de ceremonia repetir insistentemente la consigna “No se dejen provocar”.

Decidimos retirarnos puesto que la actividad oficial había concluido. Mi esposa y mi hijo me sugirieron que nos fuéramos por una calle detrás de la tarima, pero me negué pues no quiero dar ni siquiera la apariencia de que estoy huyendo. Así que caminamos hacia la calle Chardón, en dirección a los contingentes de la policía, que por minutos aumentaban en número. En ese trayecto, me detuvieron muchas personas para tomarse fotos conmigo y me detuve muchas veces, pese a los reclamos de mi esposa y mi hijo quienes luchaban por sacarme de allí lo más pronto posible. Al poco rato de haber regresado a la casa, cuando ya había concluido la actividad y los manifestantes habían abandonado la llamada “Milla de Oro”, vimos en la televisión los encontronazos entre los encapuchados y la policía. Era todo lo opuesto a lo que había sido la dinámica de la manifestación.

Les digo, mi gente, que al analizar la situación y ver muchos de los vídeos y las fotos que han circulado por la redes sociales, me pregunto si no habrá sido un drama preparado por el agente de represión con un largo historial que muchos conocemos: Héctor Pesquera, recién nominado al puesto de Secretario de Seguridad, y por la experta en carpeteo cibernético, la coronela Michelle Hernández. No hay que ser un genio para saber que los actos de los encapuchados solo serían de beneficio para la Junta de Control Fiscal al intentar crear una impresión muy negativa del pueblo que se manifiesta contra los abusos de la Junta. ¿Será coincidencia que la abogada que preparó la demanda del Banco Popular contra los manifestantes y que tan velozmente se sometió en el tribunal, trabaja para el mismo bufete que representa a la Junta? Al observar las imágenes en la televisión, me preguntaba por qué la policía no intervenía para evitar los actos de supuesto vandalismo que ocurrían ante su ojos. Hasta hemos visto en las redes sociales un vídeo que muestra una fraternal conversación entre un encapuchado y un policía en medio de un ambiente totalmente caldeado. Hay muchas cosas que parecen no tener sentido. Claro, lo tienen para quienes organizaron el espectáculo.

Por lo demás, quiero felicitar y expresar mi orgullo a los miles y miles de puertorriqueños y puertorriqueñas que demostraron que hay mucho valor y mucha dignidad en nuestro pueblo. Y como un regalo a mi gente, les pongo una foto de nuestro “álbum familiar” con la que nos sorprendió un querido compañero. Quiero terminar con algo que contestó mi esposa cuando le preguntaron cómo me encontraba. “Rafael está muy bien. Él ni se asusta, ni corre, pero logramos protegerlo, pese a sus protestas”.

 

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