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13 de Marzo: Que nuestra sangre señale el camino de la libertad PDF Imprimir Correo
Escrito por Juan Nuiry Sánchez   
Lunes, 13 de Marzo de 2017 20:53

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Ese día, de aparente tranquilidad, comandos revolucionarios esperaban atentos la orden de combate, para llevar a cabo tres operaciones cuidadosamente estructuradas y cronometradas, que sacudirían a la nación: la toma de la emisora Radio Reloj; el asalto al Palacio Presidencial y acudir a la Universidad de La Habana para instalar un centro de operaciones en aquel lugar histórico, para luego entregarle las armas al pueblo con vistas a comenzar una insurrección armada en la capital.




En ocasión del aniversario 60 del Asalto al Palacio Presidencial y la Toma de Radio Reloj, Cubadebate recuerda la Intervención de Juan Nuiry Sánchez, dirigente de la FEU y del Directorio Revolucionario y participante de aquellos heroicos hechos, en el Acto Central por el 54º Aniversario de los sucesos del 13 de marzo de 1957. Palacio Presidencial, 13 de marzo de 2011.

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“¡Si caemos, que nuestra sangre señale el camino de la libertad!” Al escribir esta frase José Antonio Echeverría momentos antes de partir para la acción, ¿cuál era la situación existente en nuestro país?:

Al comenzar el año 1957, la dictadura de Batista pretendía aparentar tranquilidad, pero los hechos ocurridos en la zona oriental, los meses finales de 1956, lo convirtieron en una guerra sin cuartel, pues el levantamiento del 30 de noviembre en Santiago de Cuba y el desembarco del Granma en la costa sur de la provincia de Oriente, eran acontecimientos muy evidentes.

Al finalizar la censura de prensa impuesta por la dictadura a raíz del desembarco del Granma, el 2 de diciembre de 1956, luego de la publicación de un amplio reportaje, del periodista Hebert Matthews, aparecido en el diario The New York times, con fotos y detalles, se conoció tanto en Cuba, como en el exterior, que la insurrección era una realidad y su jefe, Fidel Castro, estaba vivo y continuaba en pié de lucha en la Sierra Maestra.

Luego del encuentro con el Comandante Fidel Castro, el periodista norteamericano se reunió en La Habana con José Antonio Echeverría y le hizo una entrevista que se publicó el 10 de marzo de 1957 en la Revista Bohemia, bajo el título: “Facción estudiantil acusada”, donde plantea: “La dirigencia de la Federación Estudiantil Universitaria esta huyendo con éxito de la vigilancia policiaca; las autoridades acusan a los muchachos de complicidad con Fidel Castro, con quien suscribieron un pacto en Ciudad México; la policía aspira a sacarlo de la circulación, pero los estudiantes están activos en la presente resistencia”. Termina el trabajo con una descripción del líder estudiantil, en la que expresa: “sus amigos le llaman el gordo, pero en realidad se trata de un muchacho robusto con abundante cabellera, tiene 24 años y estudia Arquitectura”.

De este modo, llegamos al miércoles 13 de marzo de 1957. ¡Qué lejos estaban de conocer, quienes transitaban por las calles habaneras, que un grupo de revolucionarios tendrían un encuentro con la historia, en uno de los lugares más céntricos de la capital! Ese día, de aparente tranquilidad, comandos revolucionarios esperaban atentos la orden de combate, para llevar a cabo tres operaciones cuidadosamente estructuradas y cronometradas, que sacudirían a la nación: la toma de la emisora Radio Reloj; el asalto al Palacio Presidencial y acudir a la Universidad de La Habana para instalar un centro de operaciones en aquel lugar histórico, para luego entregarle las armas al pueblo con vistas a comenzar una insurrección armada en la capital. Como se conoce, la alocución de José Antonio preparada para ese fin, nunca salió al aire por haber sido interrumpida.

Para hablar de estas acciones es necesario recordar el pensamiento del esclarecido prócer Enrique José Varona, cuando señaló: “Que no podía estudiarse el estallido sin conocer las causas progresivas que lo hicieron posible”. En una palabra, no se podría comprender el hecho, sin sus antecedentes. El primero, está sobreentendido en nuestra tradición de lucha: Presente desde la guerra de independencia: Céspedes, Agramonte, Martí, Gómez, Maceo. Observar como la intransigencia patriótica de Baraguá, está presente en el ideario de Montecristi, y la vigencia del pensamiento de Martí es permanente. El designio “del fatalismo geográfico” se quebró ante la posición ideológica de Mella, Rubén y Guiteras y llega hasta nuestros días.

El asalto al Moncada en 1953, es un punto de partida, como lo definió el líder de aquella acción, Fidel Castro, en el noveno aniversario de esos hechos, cuando expresó:- “el 26 de julio comenzó la última y definitiva etapa de la contienda por la independencia nacional, que había venido librando nuestro pueblo desde 1868”.

Y, sin lugar a dudas, la Carta de México firmada por Fidel Castro y José Antonio Echeverría el 29 de agosto de 1956 en la capital de ese país, acontecimiento que arriba este año a su 55 aniversario, la que además de constituir un documento raigal de nuestra historia, rompió las barreras del tiempo, con fuerza inusitada y llega hasta nuestros días, como un legado permanente para la juventud y un compromiso eterno de esta con Fidel y la Revolución.

Es oportuno que nos detengamos en algunas precisiones de este histórico documento dentro de sus 19 articulados y cito: “Fue firmado por los dos grupos que agrupan en sus filas la nueva generación; que han decidido unir sólidamente su esfuerzo con el propósito de derribar la tiranía y llevar a cabo la Revolución Cubana; que los partidos políticos cesen de implorar soluciones. Y que, la Revolución llegará al poder libre de compromiso.” La Carta de México es un grito de guerra, un desafío, un documento unitario que agrupa una generación y la proyecta hacia el futuro.

Con estos antecedentes, llegamos al estallido bélico del miércoles 13 de marzo de 1957, cuando ocurrieron las acciones que sacudieron a la capital que vivió, por primera vez, desde el golpe de estado de 1952, el impacto de una batalla campal, en que se sintió el tableteo de ametralladoras y rifles en pleno día, en el mismo centro de la mansión ejecutiva.

Tras un intenso proceso, a partir de enero de 1957, se prepararon tres comandos, que se albergarían en tres puntos de la barriada del Vedado.. Cincuenta combatientes que irían a Palacio, estarían acuartelados en la calle 21 entre 22 y 24, y los que participarían en la toma de Radio Reloj, en el sótano de un edificio en la calle 19 entre B y C y en la calle 6, entre 19 y 21.

El comando de la segunda operación de apoyo, que era un contingente necesario, tenía dos objetivos fundamentales. Uno, garantizar el abastecimiento del parque a los asaltantes, producto del volumen de fuego necesario para penetrar en la guarida del tirano; y, tomar los edificios más altos que rodeaban Palacio para neutralizar las ametralladoras situadas en la azotea de esa instalación. Lamentablemente este comando no fue posible acuartelarlo y ese numeroso grupo, ampliamente avituallado para estos importantes propósitos, inexplicablemente no acudió a aquella cita de honor, lo que motivó un desenlace fatal en el desarrollo de los acontecimientos.

Podemos afirmar que las acciones efectuadas en el Palacio y Radio Reloj cumplieron sus objetivos, se realizaron coordinadamente a plena luz del día, conmovieron a toda la nación y fueron calificadas por el Historiador de la Ciudad, doctor Emilio Roig: “La hazaña mas fieramente audaz de nuestras luchas por la libertad”.

Una vez terminada la toma de Radio Reloj, tal como fue planificada, al partir hacia la Colina Universitaria, el destino misteriosamente nos jugo un inesperado acontecimiento….caía en combate frontal con la policía José Antonio Echeverría, tal como había escrito en su testamento: “no desconozco el peligro. No lo busco. Pero tampoco lo rehúyo. Trato sencillamente de cumplir con mi deber”. Con él, se perdía la cabeza más alta y más importante de la acción. Al enfrentarse contra los esbirros a un costado de su querida Colina, y su negra cabellera despeinada cayó sobre el pavimento….¿quien puede atreverse a negar que las piedras de la Bicentenaria Universidad lloraron, y junto con ellas, todo el pueblo de Cuba?

José Antonio, más que caer, se sembró en la historia. ¡Aquel indómito y carismático dirigente estudiantil vivió su fugaz existencia a la velocidad de un relámpago, con un pié en el presente y otro en el futuro!.

Hoy a la distancia de más de medio siglo, recordamos las palabras pronunciadas por Fidel Castro en la escalinata universitaria el 13 de marzo de 1960, cuando en una bella imagen, al referirse a José Antonio expresó: “Fue el más alto exponente del estudiantado universitario y el joven más brillante en la Universidad en los últimos años… sobre todo, un ejemplo que es orgullo de nuestra generación, que se gestó aquí como líder, no solo estudiantil, sino como líder revolucionario de todo el pueblo en la Universidad de La Habana”.

¡Cuántas vivencias guardo!, tanto en la identificación y complementación entre Fidel y José Antonio, así como de su mutuo afecto y admiración. Me referiré tan solo a un hecho, en que sobran las palabras, cuando el Comandante en Jefe desvío su ruta por la Carretera Central en la Caravana de la Libertad, al triunfo de la Revolución, y acudió al Cementerio de Cárdenas, a rendirle homenaje de recordación a su compañero de ideales.

¡Que pudiéramos decir hoy de aquel amigo inseparable que vimos por ultima vez hace 54 años, cuando pasó con su traje azul y su amplia sonrisa, haciéndome un saludo muy característico, y subía a la máquina, delante de la mía.! ¡Juntos en todas las acciones, también juntos libramos esta última!

Como no recordar aquel joven, que no pudo cumplir sus 25 años, de aquel estudiante, que tampoco logro concluir su carrera de Arquitecto, de aquel revolucionario que se formó en la Universidad y que al igual que Mella, desbordó los muros de la Colina y se proyecto en el pueblo. De aquel que se ha ganado el honor de Presidente eterno de la FEU!…..

José Antonio fue todo desinterés personal, enfrentó y desafió el peligro, golpes, clandestinidad, cárceles, manifestaciones, siempre en primera fila. Su estudio no podría ser completo si no se contemplara de manera integral: su proyección social, cultural, internacionalista, antiimperialista y como martiano, comprendió siempre aquella frase del apóstol que “no hay proa que taje una nube de ideas”…. Solo como complemento de de su pensamiento, su sentido unitario, permítanme referirme a la intervención pronunciada por José Antonio en mayo de 1954, en la inauguración del Primer Festival de Arte Universitario, cuando manifestó, con palabras que sintetizan su pensamiento, su sentido ético y fundamentalmente su respeto por la tradición:

“Hablo escoltado por Mella en el 23, Guiteras en el 27, Trejo en el 30 y Rubén, Renato, Raúl Gómez García y Boris Luis en el 53; la FEU de la Universidad de La Habana que custodia entre sus muros las cenizas de Varela, quien desde la Ciencias Sociales proclamó “no hay ciencia sin conciencia” y los restos de Felipe Poey, quien desde las Ciencias Naturales proclamó “que no hay inteligencia sin moral”

La cuota de sangre vertida por los combatientes de aquellas acciones no terminó el 13 de marzo. Días después, el 20 de abril, producto de una vil y despreciable delación, fueron asesinados cuatro héroes de aquellas acciones, Fructuoso Rodríguez, que sustituyó a José Antonio en la Dirección de la FEU y el Directorio Revolucionario, junto a Juan Pedro Carbó, José Machado y Joe Westbrok.

En este recuento de luces, que salen a relucir el heroísmo de sus combatientes en aquellos audaces episodios, también considero necesario referirme a un hecho de sombra, algo olvidado por nuestra historiografía, ocurrido semanas después que demuestran como aquellos acontecimientos marcaron un momento definitorio en aquella compleja sociedad de intereses. No es posible olvidar aquel grotesco y servil desfile homenaje en el Salón de los Espejos, en este propio escenario del Palacio Presidencial, todavía húmedo de sangre, a los pocos días del ataque, cuando el pudiente capital nacional, atribuyéndose la representación del país, congratuló al tirano, ligando su presente y su futuro a la suerte de Batista, al brindarle un acto de desagravio por lo ocurrido.

La sórdida comunidad de intereses, el mundo dorado de las cuentas bancarias convalida el crimen y sitúan su incompatibilidad con las grandes aspiraciones nacionales. Es que las acciones del 13 de marzo de 1957, sacuden hasta las propias raíces de un sistema, del que Batista era un instrumento.

El tiempo también hace bajas en los combatientes de esta gloriosa gesta. Unos días antes de esta conmemoración, perdimos a un entrañable compañero, Antonio Castell Valdés, uno de los bravos combatientes del asalto al Palacio Presidencial, hombre de una sola pieza, donde se conjugaron siempre firmeza revolucionaria y espíritu generoso. Sirvan estas palabras como tributo a su viril existencia.

Procesos como este fueron decisivos para el triunfo de la Revolución y el primero de enero de 1959, los sobrevivientes de este combate, se encontraban participando tanto de la lucha en el llano, como en las montañas de la Sierra Maestra y el Escambray, como firmes defensores de una Revolución que bajo la certera dirección del Comandante en Jefe Fidel Castro, logró romper dogmas, bajo el principio de la lucha armada, y que tuvo como principal protagonista a su pueblo, los trabajadores, campesinos, estudiantes, que hicieron realidad el triunfo definitivo de la Revolución.

Conocer el pasado reafirma el presente y consolida el futuro, si se tiene en cuenta que, una de las fortalezas de la Revolución radica en su historia y por tanto, su conocimiento debe estar en el centro de nuestros debates ideológicos, es necesario que su estudio no solo sea la suma de relatos y sucesos, sino el análisis de los mismos, reflexionar ante cada acontecimiento, ubicarlo en espacio y tiempo. En una palabra, trasladar valores.

Con el mismo heroísmo y combatividad del 26 de julio en 1953; el 2 de diciembre de 1956; el 13 de marzo de 1957; el primero de enero de 1959, nos permitió vencer en 1961, hace 50 años, derrotando a un poderoso contingente de mercenarios, amparados, avituallados y enviados por el imperialismo norteamericano a las arenas de Playa Girón, donde ocurrió la primera derrota del imperialismo en América Latina, y ya luchábamos por el socialismo en nuestro país.

Con ese mismo espíritu, bajo la dirección de Fidel y Raúl, hemos mantenido nuestra soberanía, desafiando al imperio en sus agresiones, las campañas mediáticas y exigiendo el regreso de nuestros cinco héroes a su su pueblo, que los admira y los quiere…

Las dificultades han existido y existirán. Mantener principios siempre ha chocado con los intereses de las clases dominantes, nacionales e internacionales. Tenemos un arma poderosa: la unidad de todo un pueblo. Por eso hoy decimos aquí, que fechas como estas, no son de lamentos, ni de llantos… sino de reafirmación…

Día a día con tenacidad y venciendo obstáculos, con nuestros propios esfuerzos, construimos la Revolución. Ahí radica nuestro proceso irreversible, nuestro propio modelo, y su continuidad esta en nuestra juventud, heredera de todo este legado histórico, que hacen suya la justa causa de los estudiantes de Puerto Rico.

Si una tarde como hoy frente a este edificio, que en el pasado engendró las peores causas, y que un día fue motivo de heroísmo, se hace necesario preservar el compromiso eterno con los caídos. Recordamos lo manifestado por Fidel en su histórico alegato “La Historia me Absolverá” cuando manifestó: “Que nuestros héroes no están ni olvidados ni muertos, viven hoy mas que nunca”. ¡Y con este eterno compromiso expresar, hoy más firme y seguro!

Hasta la victoria siempre…
!Venceremos!

Fuente: Cubadebate

 

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